Completa el círculo

En post anteriores he relatado los diferentes puntos del método del orden sostenible. Observa que cada paso facilita la consecución del siguiente: frenar la entrada de cosas inútiles te evita luego tener que eliminarlas. Facilitar la salida de lo innecesario te hace disponer de más espacio para encontrar el mejor lugar para cada cosa. Tener la casa organizada te ayuda a mantenerla más limpia. Limpiar regularmente te hace detectar incipientes fuentes de desorden.

Pero para llevar todo ello a cabo, para empezar y completar el círculo, es indispensable tomar consciencia.

Tú controlas 

Si has llegado hasta aquí es probablemente porque notas que hay algo que no funciona o que quieres cambiar en tu casa. Puede ser que pierdes demasiado tiempo por las mañanas, que ordenas y el orden no te dura nada o que sientes que en tu casa reina el caos. Sabes que necesitas hacer algo pero no sabes qué o no sabes por dónde empezar.

Muchas veces simplemente lo que ocurre es que hemos perdido el control: no sabemos lo que tenemos ni porqué lo tenemos.

En el momento en que tomas consciencia de que eres tú quien puede y debe tener el control de tu casa, que eres tú quien controlas las cosas y no al revés, te sorprendes cuestionando lo que tienes a tu alrededor y reflexionando acerca de porqué o para qué; cambiando tu forma de pensar y facilitándote tomar decisiones y afrontar cambios.

La clave está en cambiar la pregunta ¿dónde y cómo guardo todo lo que tengo? por ¿realmente necesito esto? ¿lo uso, me gusta? Con este planteamiento eres tú quien decide y dejas de ser un esclavo de lo que tienes.

Nuevos hábitos

La toma de conciencia y de control nos permite también crear nuevos hábitos. Podemos empezar por las acciones cotidianas, ya que son las que realizamos más a menudo y con las que notaremos de inmediato el efecto beneficioso de los cambios.

Las mañanas, desde la hora de despertar hasta salir de casa, el momento de llegar del trabajo o de la escuela, la hora de recoger y acostarse, son momentos de rutinas que se repiten día a día. Una vez establecidos los nuevos hábitos será fácil interiorizarlos y, sin darnos cuenta, los llevaremos a cabo sin pensar.

¿Y en la práctica?

Pongamos un ejemplo sencillo: el típico cajón al que va a parar cualquier cosa y está todo revuelto. Normalmente, cuantas más cosas hay en un lugar menos posibilidades tenemos de encontrar algo en él, así que nuestro objetivo será tomar el control de nuestro cajón y definir qué queremos tener allí. Los pasos serían:

  • Vaciarlo para revisar lo que contiene y apartar lo que no debe estar allí, aparte de lo inútil o roto.
  • Buscar el mejor lugar para lo que se queda. En el caso de un cajón, una solución puede ser crear compartimentos para que todo quede clasificado y a la vista y nos resulte accesible de coger y volver a guardar.
  • Y a futuro, solo guardar en el cajón lo que tenga un lugar en él.

Solo tomando consciencia seremos capaces de decidir (qué guardo o no), pensar en soluciones prácticas (compartimentar el cajón) y establecer una rutina (no guardar por guardar).

Espero que este post te haya gustado o sea de utilidad.

 

 

 

 

 

 

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