Vivir en un almacén

Os planteo hoy una reflexión que puede servir de punto de partida y animar a ponernos en marcha si tenemos como objetivo simplificar nuestra vida.

Vivienda, casa, hogar

Desde el principio de los tiempos el ser humano ha tenido la necesidad de refugiarse de las condiciones adversas de vivir a la intemperie. Ya en la prehistoria, para protegerse del clima o las fieras, el hombre se refugiaba en cuevas naturales o en refugios construidos con ramas de árboles.

Podríamos definir de forma muy genérica una casa, vivienda u hogar como el lugar que sirve de refugio contra la lluvia y el viento, que nos protege de posibles intrusos y donde tienen lugar nuestras actividades vitales: cocinar y alimentarnos, descansar y asearnos. es el lugar donde se desarrollan nuestras relaciones familiares y sociales. Y donde almacenamos nuestros enseres y propiedades.

¿Vives en un almacén?

Tener la sensación continua de que necesitas más espacio, que tienes que alquilar un trastero, que tienes que comprar más estantes, organizadores, armarios, cómodas, aprovechando hasta el último centímetro disponible para almacenar cosas, puede ser indicativo de que has perdido el equilibrio de lo que debería ser una casa.

Si estás sacrificando otras funciones de las que deberías disfrutar, como tener espacios de descanso amplios y cómodos, espacio para jugar los niños, tener una mesa grande o disfrutar de la terraza para crear más espacios de almacenaje, tal vez ha llegado el momento de observar a tu alrededor.

¿Qué tienes?

En general tenemos instinto de guardar. Guardamos las cosas por si acaso las necesitamos en un futuro, no tiramos las cosas viejas aunque hayamos comprado algo nuevo para reponerlas, guardamos aunque ya tengamos más de lo mismo.

Por otra parte, el consumismo de las últimas décadas ha normalizado la compra de tal forma que se ha convertido en un hábito más, una costumbre, y compramos lo que nos hace falta y lo que no, renovamos cosas aunque lo que tengamos aun funcione, y compramos por necesidad y también por capricho.

Y además está el apego emocional a los objetos. Guardamos cosas porque nos recuerdan tiempos pasados  y momentos vividos, porque pertenecieron a personas que ya no están o porque son regalos.

Y al final

Sumados todos estos factores las cosas siempre tienden a aumentar, a mayor o menor velocidad,  a más o menos ritmo, pero siempre en sentido ascendente. Con la cantidad de cosas y objetos a nuestro alrededor creciendo sin cesar, guardando por guardar, nuestra casa puede acabar convirtiéndose en un almacén desordenado de cosas útiles e inútiles, nuevas y viejas, bonitas y feas, sin un criterio, sin saber realmente lo que tenemos.

Vuelve a tener un hogar

Así que tal vez lo que ocurre no es que te falte espacio sino que te sobren cosas. Está en tu mano volver a convertir tu casa-almacén en un hogar con equilibrio donde prevalezca la comodidad y el confort. ¿Te animas?

 

Photo by Steve Johnson on Unsplash

 

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